Una mirada al futuro de la traducción jurídica

03 de febrero de 2015
University of Roehampton Workshop

No es sencillo abrirse camino en el negocio de la traducción y menos aún erigirse como profesional especializado en textos legales. Por muchos títulos y formación académica que acumulemos, la verdad es que cuando damos el salto a la práctica, resulta inevitable que surjan lagunas y dudas de tipo práctico. Por suerte, existen multitud de charlas, congresos y eventos donde profesionales de prestigio están dispuestos a compartir su experiencia y conocimiento con nosotros y, con un poco de suerte, ayudarnos a aclarar nuestras ideas.

Os dejo un breve resumen de las conclusiones que extraje del simposio Becoming a Legal Translator, celebrado el pasado día 9 de enero en la University of Roehampton, Londres.

El futuro de la traducción jurídica pasa por la profesionalización.

¿Has probado a decirle al fontanero cuánto piensas a pagarle por su servicio? ¿Acudes a esa vecina tan aficionada a Ally McBeal cuando necesitas que te preparen una demanda judicial? ¡Por supuesto que no! ¿Y por qué permitimos que con la traducción ocurra exactamente lo contrario?

Bajo el título Professionalising legal translation – do or die! Juliette Scott abordó la necesidad de profesionalizar la actividad del traductor para protegerla del intrusismo irresponsable que la condena a la precarización.

Tras una reflexión sobre qué entendemos por profesionalización, quedó claro que la traducción no cuenta con el reconocimiento público de otras actividades, ni los traductores hemos conseguido el monopolio sobre el trabajo, ni se ha abordado el desarrollo de una regulación adecuada de la profesión.

Juliette Scott propuso un plan de doce pasos de acción encaminados a profesionalizar la traducción de textos jurídicos e identificó como actores esenciales de este proceso de cambio a:

> las asociaciones profesionales, que deberían ser menos dispersas y más eficaces,

> las universidades y centros formativos, que deberían incidir en una mejor preparación de los alumnos para el mercado laboral real,

> los órganos legislativos, que deberían intervenir con una regulación que establezca la obligación de obtener titulaciones académicas que habiliten para la práctica de la traducción, como sucede en tantas otras profesiones,

> los propios traductores, que debemos tomar la iniciativa en este cambio para evitar que venga impuesto desde otras instancias sin nuestra participación. Además, tenemos el deber de observar códigos éticos de conducta, formarnos de manera continua, cuidar la imagen que transmitimos a nuestro entorno (desde cómo vestimos a cómo nos presentamos en nuestra página web) y cuidar la terminología con la que nos referimos a la profesión.

La extraordinaria capacidad de Juliette Scott para la oratoria logró que su mensaje calase entre los asistentes, quienes a partir de ahora no dudaremos en enorgullecernos en público de ser traductores.

Diseña tu trayectoria profesional antes de actuar.

En su disertación The Reflective Translator, Karen Stokes expuso la tendencia de los traductores a precipitarnos a la hora de inscribirnos en cursos sin haber dedicado el tiempo suficiente a planificar el contenido de nuestra formación, lo que resulta bastante ineficiente e implica un coste elevado.

Stokes propuso un ciclo continuo de cuatro etapas para diseñar y mejorar nuestro plan de desarrollo profesional continuo: reflexión, planificación, acción y evaluación de los resultados. Además, aportó una extensa lista de recursos formativos que incluían Coursera, Open University, Open Learn y en el ámbito legal Law Society Gazette, The Institute of Advance Legal Studies y Lexology.

Cualquier inversión de tiempo y dinero en formación debe contribuir a la consecución de nuestros objetivos profesionales. Si estos objetivos no están bien definidos, posiblemente acabemos incorporando a nuestro currículum una amalgama errática de cursos con poco valor en su conjunto.

En la traducción jurídica, la precisión prima sobre la naturalidad.

Por su parte, en How functional can/should legal translation be?, Łucja Biel hizo un repaso perfectamente estructurado de los retos y dificultades que presenta la traducción jurídica con especial hincapié en aquellos derivados de los sistemas legales (como la incongruencia de la terminología o las diferencias entre sistemas jurídicos), del idioma (como las diferencias semánticas) y de la traductología (como las limitaciones derivadas de las estrategias de traducción a nuestro alcance).

Hubo ocasión de reflexionar sobre la naturaleza de los textos jurídicos y de las estrategias de traducción más empleadas en este ámbito (equivalencia funcional, descriptiva y literal) para conseguir un texto meta preciso y, en la medida de lo posible, natural.

Humo y espejos: la maraña lingüística en la Unión Europea.

En Translation for the EU: making the imposible posible, Vilelmini Sosoni abrió una ventana a la labor del cuerpo de traductores de la Unión Europea que deben seguir las normas específicas establecidas para cada una de las lenguas de llegada y cuyo grado de precisión y detalle varía notablemente en cada caso.

Solo unos pocos asistentes estaban familiarizados con el fenómeno del eurospeak, el registro que progresivamente se va acuñando en el seno de los organismos oficiales europeos para incorporar nuevos conceptos a base de neologismos eufemísticos como flexicurity (la concurrencia de flexibilidad y seguridad en el ámbito laboral) y préstamos de voces entre países miembros como comitology o stagiaire.

Mediante casos prácticos, tuvimos ocasión de comprobar la frecuencia con la que se da la intertextualidad (referencia a otro texto) en los documentos internos de la UE.

Los traductores debemos ser ubicuos y acudir allí donde estén nuestros clientes.

Aunque le tema central de Michael Cunningham era People like qualifications: what the CIOL can offer, me resultó más interesante su diagnóstico sobre la falta de agresividad de los traductores al abordar el mercado. Necesitamos dejar de ser meros pasajeros y sentarnos al volante para tomar el control del mercado. Si nos resulta impensable que negociemos con un electricista el precio o las condiciones de su servicio ¿por qué, como traductores, nos cuesta tanto resistir a los abusos por parte de nuestros clientes?

Con buen criterio, Cunningham señaló que no podemos sentarnos a esperar que los clientes llamen a la puerta; debemos ser ubicuos y estar presentes en los lugares donde acuden nuestros clientes potenciales, ya sean congresos, clubs deportivos o bares.

La batalla contra la traducción automática se ganará por el valor añadido que solo las personas podemos aportar.

Ellen Moerman tituló su intervención Artist, artisan, or robot? en la que destacó la expectativa de inmediatez por parte de los clientes, a quienes les cuesta entender que un intérprete sea capaz de verter un texto en el acto y que a un traductor le pueda costar varios días entregar un escrito.

La tendencia social de automatizarlo todo agrava esta situación y lleva a algunos a recurrir a programas de traducción automática que sin embargo, no son capaces de detectar errores en el texto original, contactar con el cliente, comprobar la jurisdicción competente ni de un larguísimo etcétera. Si queremos ganar la batalla a las máquinas, empecemos por aportar este valor en nuestros servicios y hacérselo ver al cliente.

La guerra de precios no es nuestra guerra.

Por su parte, Richard Delaney presentó Live and let live y con ingenio elocuente narró su transición de abogado en un bufete alemán a traductor autónomo especializado en textos jurídicos que ha sabido evitar con éxito la guerra de precios del sector.

Debemos aprovechar la circunstancia de que los clientes del sector jurídico son capaces de comprender que el coste de contratar a un traductor aficionado puede ser mucho mayor que la tarifa de un profesional especializado.

A tal fin, resulta imprescindible especializarse y competir en calidad, lo que implica mantener una visión realista de nuestra propia capacidad como traductores para saber cuándo declinar una oferta de trabajo que supera nuestra preparación en un momento dado.

Delaney aprovechó la ocasión para apuntar lo impertinente de la condescendencia con la que algunos traductores tratan a sus clientes en determinados grupos de Facebook.

En estos enlaces podéis conocer las apreciaciones de Kirsty Walter y Lloyd Bingham sobre este mismo evento.

Cierro esta entrada del blog de El Traductor Invisible felicitando al departamento de idiomas de la universidad de Roehampton y a los demás organizadores.

Espero conocer vuestra opinión y aportaciones al tema del futuro de la traducción de textos jurídicos.

© Copyright Jorge Maestre 2015

Picture by The University of Roehampton's Information Technology and Media Services. 

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Jorge Maestre Marín

Me llamo Jorge Maestre y ofrezco servicios especializados de traducción de inglés a español de textos legales, empresariales y políticos.


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